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31 de marzo de 2014




27 de febrero de 2014

Reportaje de investigación: el verdadero inventor del telescopio fue español

Ya os hablé de ello el otro día en la entrada de las curiosidades que quizá no sabríais, pero visto que fue la curiosidad que más os gustó y más interés os suscitó, aquí tenéis toda la información sobre ella. Aquí te cuento con detalle, día tras día y semana tras semana todos los acontecimientos y los personajes de esta trama que tiene como fin la invención del telescopio y que seguramente cambiará tu opinión. ¡Qué aproveche!

Introducción:

Pelling, en 2008, tras presentar
su hipótesis sobre la invención
del telescopio.

Hasta hace escasos años, se creía unánimemente que el inventor del telescopio, tal y como lo concebimos a día de hoy, fue el alemán Hans Lippershey. No obstante, en 2008, un ex-informático e historiador de mediana edad, Nick Pelling, realiza una exhaustiva búsqueda a partir de antiguos documentos de un historiador catalán, Simón Guilleuma, para descubrir la verdad sobre el inventor del telescopio; quizá algo desconocido para muchos, pero inquietante como poco. Los datos de su investigación han sido publicados en periódicos de toda Europa y han aparecido en revistas de renombre histórico y astronómico a nivel mundial como la publicación History Today, aprovechando el tirón que ello tuvo al ser el 400º aniversario del telescopio (en 1608), que podría precisamente no haber sido ese. Todo cuanto váis a leer en este reportaje es verídico, fruto de años de investigación de Pelling, y fruto de debate entre la comunidad científica sobre si, de verdad, debería atribuírsele la invención del telescopio a un español.

Pero... ¿Qué ocurrió realmente? La historia del telescopio que jamás te habían contado, con nombres, hechos y fechas.


Situémonos, año 1590. Un óptico catalán, famoso en gran parte de España, se dedica a vender "ulleres": tubos con lentes en sus extremos que nos permiten observar las cosas más de cerca. En 1593, de hecho, tenemos constancia de que Pedro de Carolona, un noble catalán, dejó en legado a su esposa una "ullera" de latón, una especie de catalejo o telescopio de latón que sirve para ampliar todo tipo de objetos. Todo apunta a que Joan Roget, español sobre el cual girará la noticia, ya fabricaba instrumentos ópticos 18 años antes de que el telescopio fuera inventado.

Lo más curioso llega cuando, en plena Barcelona, el 5 de septiembre de 1608, se celebra una subasta de bienes de otro noble catalán, Jaime Galvany. En dicha subasta se pone en venta un telescopio o, como consta en el documento "una ullera de llauna per mirar de lluny", o lo que en castellano sería "un telescopio de hojalata para ver de lejos": un telescopio, en resumidas cuentas. Queda constancia de que su comprador es anónimo, pero de profesión mercader.

Retrato de Zacarías Janssen

Poco después de esto, continuando con esta cadena de sucesos, en pocos días o semanas, éste acudió a la feria de novedades científicas de Frankfurt, y sin conocer a alguien -preferiblemente científico-, que pudiera darle el uso que el quería (monetario), conoce a Janssen (quien afirmó haber acudido a esta feria), y pacta con él quedarse la mitad de los ingresos a cambio de que lo vendiera a sus clientes; Janssen, no obstante, vé en este invento "algo distinto", lo cree un invento muy interesante, útil y por el que se podría obtener un beneficio inconmesurable, por lo que se muestra reacio a venderlo. Su objetivo era el dinero, no la fama.

Ante el desconocimiento de Janssen para la fabricación del mismo (pues Janssen se acaba de encontrar con un invento que no era suyo, no sabía construirlo y encima no sabe cómo ha sido construido) y al necesitar éste unas lentes que tampoco sabía fabricar (pues él tampoco era óptico), pide ayuda, de entre los que mejor cumplen sus requisitos, a sus amigos: Metius (científico, matemático y, en resumidas cuentas, un sabio de su época) y Lippershey (óptico y artesano). Esta jugada supuso su mayor error. Lo que en él había suscitado tanto interés y la idea de gran lucro, también lo había hecho en sus amigos, sólo que estos tenían los conocimientos suficientes para hacerlo realidad. Janssen no tenía nada que hacer.

Retrato de Hans Lippershey

El 25 de septiembre de 1608, días después de que Janssen pidiera ayuda a sus compañeros y 20 días después de que el telescopio de Joan Roget fuese comprado en una subasta, en Cataluña, ya tenemos que irnos a La Haya (Holanda) para encontrarlo, y es que Lippershey, el "sabio" de entre sus amigos, presenta ante el príncipe de Holanda, Mauricio de Nassáu, "su idea", ya construida: un tubo con lentes que permite ver objetos en la lejanía, tal y como él describe en su patente. Remitámonos un par de párrafos arriba y comparemos su definición con la de la "ullera" de la subasta de Galvany. ¿Mera coincidencia? Lo cierto es que, gracias a la impresión que este objeto causó al príncipe holandés, Lippershey consiguió su "patente" el 2 de octubre, exactamente una semana después, aunque según Mauricio de Nassáu fuera una idea ya planteada y posiblemente fútil, él había sido el primero en construirla.

No cabe dudas de que Lippershey se había hecho con la patente "limpiamente", sin que nadie supiera de los antecedentes que le llevaron a conseguirla y la manera en que lo hizo. Pero, como nada es fácil en este mundo, no tardaron en salirle los problemas. El 14 de octubre, doce días después de que le concedieran a Lippershey su patente y poco más de un mes después de que el telescopio de Joan Roget viajara por media Europa, Metius, amigo artesano -pero no óptico- de Lippershey, solicita la patente de un instrumento exactamente igual, cuyos bocetos coinciden a grandes rasgos con el dueño de la patente. Por si parecía poco, tres días después, el 17 de octubre, casi un mes después de que Lippershey presentara su proyecto y a duras penas, Janssen, rezagado, solicita también la patente de otro instrumento cuya definición y boceto coinciden con la de sus colegas. 
Adriaan Metius

Es obvio que no recibieron la patente porque Lippershey fue el más listo y tal y como se registra, ninguno de ellos tenía verdadera idea de qué era lo que presentaba, ni cómo había llegado a la idea, ni siquiera cómo había diseñado el cachivache (lo cual ya nos hace ver que ninguno de ellos lo ideó). Pero la historia continúa: Janssen, que fue el primero en plantear la idea (robada, pero fue el primero) del telescopio y quien pensaba lucrarse con él, ya no podía hacerlo, pues no era dueño de la patente, y había tardado en construirlo porque sus conocimientos sobre el proyecto eran casi tan nulos como sus conocimientos en las manualidades. Por ello, años después -dado que Janssen dejó pocos registros escritos-, su hijo, acerca de la patente que le fue robada a su padre, indica que "su padre había comprado y diseñado un telescopio que databa del año 1590 y sabía con certeza que provenía de España". El único fabricante español de este tipo de telescopios era Joan Roget, quien curiosamente fabricó en 1590 sus primeras ulleras, precisamente siendo esa, la ullera de la discordia, vendida al mercader español en 1608,  un mes antes de que Lippershey lo patentara. Lippershey es mundialmente conocido por haber inventado el telescopio, un gran invento de un gran genio. El problema es que patentó e inventó un telescopio que había fabricado un español 18 años atrás.

Girolamo Sirtori ya conocía al telescopio y a su 
inventor, y así dejó constancia. Su nombre:
Joan Roget.

¿Aún pensáis que pudo ser obra del azar y de la mera coincidencia? En 1609, un óptico milanés de gran renombre en Italia, Girolamo Sirtori, escribe en sus papeles que "había tenido el placer de conocer al inventor del telescopio" quien (atención a la cita) era "un hombre español, Joan Roget, ya viejo y atrofiado, oriundo de Gerona, que lo inventó hacía más de dos décadas". Girolamo era un óptico y (según se deja entrever), alguien con un mínimo de conocimientos en la ciencia, quien conocía a Joan Roget de hacía décadas y lo había conocido en persona. Meses después, Galileo (quien se movía por fines únicamente científicos) y que ya conocía el telescopio, construyó el suyo propio y, siendo el único conocedor del verdadero uso del telescopio, se lanzó a descubrir los anillos de Saturno y los satélites galileanos.


Tanto el hijo del hombre que presentó la idea que le valió el status de "inventor" del telescopio a Lippershey como otro compañero de profesión de elevado renombre, coinciden en que el telescopio inventado y por ello su patente, es de un español que comenzó a construirlos y distribuirlos en 1590. Por si parece poco, ambos confirman que la patente era la del mismo modelo. Uno de ellos, incluso comenta que fue comprado en una feria días después de su subasta en España, confirmando que los papeles estaban escritos por un español. ¿Por qué no se había sabido esto hasta antes? Es bien cierto que quienes copiaron la idea de la patente se movieron por intereses económicos y no se preocuparon (y posiblemente ni supieran) del que realmente inventó el telescopio. Éste, además, viajó desde España hasta Holanda en un par de días, con lo cual se le perdió la pista rápidamente, y al ser fruto de una subasta, habiendo pasado por decenas de manos, difícil le era a Lippershey o al príncipe de Holanda saber la autoría de este, como también le era desconocida al resto de las personas. Por otra parte, Joan murió pocos años después, al igual que los únicos que sabían de su invención, por lo que, al no saber nadie más de la existencia del verdadero inventor (ya que posiblemente todos creyeran que Lippershey lo construyó), cayó en el olvido, hasta 2008.

Esta es la historia que hay tras el descubrimiento del telescopio. Esto es todo lo que no sabías o no te habían contado. ¿Qué opinas, tras esta lectura, sobre el descubrimiento del telescopio? Déjanos un comentario con tu opinión sobre este artículo y compártelo si te ha gustado. Buenas noches, España, buenos días, América.



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